Cuando GNU/Linux dominaba el 90% de instalaciones en PCs

Es un cuento de ciencia-ficción que comienza así...

Entiendo bien cuando alguien dice que tiene problemas al pasar de GNU/Linux a Windows porque, con franqueza, me decepcionó ese tal Windows. Lo probé por la insistencia de algunos amigos que lo usan y aseguran que les ha sorprendido.

Pues bien, presto y raudo fui a la web de la tal Microsoft (una empresa que desarrolla ella solita todo el sistema, sabe lo que necesitamos y todo ello ¡sin copiar códigos ni ideas de nadie!). Busqué hasta la saciedad y nada, fue imposible descubrir cómo se bajaba una copia del sistema. Agotado y al borde de la depresión pregunto a mis amigos. Estupefacto quedé cuando me dicen que 'lo correcto' es comprarlo. "Entonces, será bueno de verdad", pensé.

Cogí algo de dinero, fui a la tienda de informática del barrio y pedí una copia del dichoso sistema. La respuesta me soprendió: "Para comprar una copia de Windows (así se llama el sistema) has de bajar al centro pero, si quieres, puedo pasarte una copia 'pirata'". "¿Pirata? ¿Qué me quieres decir?", interrogué. "Nada, que sería un copia ilegal". Vade retro!, salí de allí pitando, "¡Lo que me faltaba! Ser ilegal tan solo por instalar software".

Al día siguiente y con más tiempo busco en una nueva tienda. Me despachan amablemente confirmando que disponen de diversas versiones del sistema: Starter Edition, Home Edition, Professional y no sé cuántas más. Nada, interrumpo su listado de versiones pidiéndole "la más completa de todas". El susto fue morrocotudo, "350 euros" en la versión "no-servidor". "¡Caramba! Debe ser bueno de verdad", pensé una vez más. Como no me alcanzaba el dinero que llevaba, lo pienso con calma, aprieto mis labios y finalmente esgrimo mi tarjeta de crédito susurrándome unas cuantas palabrotas.

Mientras iba a casa, llamo a Billy, uno de los amigos que recomendaron el tal Windows. "¡Pero qué inocente eres! Te pude haber pasado una copia pirata...". La insistencia invitándome a caer en la ilegalidad me pareció una situación muy extraña, más que nada porque entro en cualquier web especializada y puedo bajarme el GNU/Linux que quiera de manera totalmente legal. Además siempre puedo hacer copias y distibuirlas libremente.

Caía la noche y pongo el CD del sistema en mi computador para probarlo. ¿Probarlo? ¡No pude! No era un sistema "live-cd", sólo podía instalar o desistir. Y claro, después de lo que desembolsé, decidí instalar. Seguí las instrucciones que aparecían en las pantallas mientras ni nerviosismo iba en aumento porque no me preguntaba nada acerca de los demás sistemas que ya tenía el computador. "¡Qué raro!", cuando pruebo o instalo un GNU/Linux siempre me detecta otros sistemas instalados y me ofrece múltiples opciones.

Billy, mi amigo, me lo confirma, "sí, se borrará todo lo que tengas previamente". Así que vuelta a empezar, asustado hago una copia de seguridad de todo para después volver a iniciar la instalación. El proceso, la verdad hay que decirlo, fue muy simple, siempre dándole a "siguiente", excepto cuando tuve que poner unos códigos que llevaba la copia del sistema (al parecer era necesario para evitar copias ilegales).

Tras acabar la instalación, el sistema se reinicia con unas configuraciones más bien pobres y con un sinfín de ventanas emergentes pidiéndome los 'drivers' originales de diversos componentes: tarjeta gráfica, de sonido... e incluso del propio monitor. A parte de esto, pude cambiar configuraciones por doquier sin poner ninguna clave, el sistema ya daba por hecho que yo era su administrador, el 'root'. "¡Qué raro!". Creé una cuenta de usuario simple pero cada vez que necesitaba hacer algún mantenimiento o ajuste estructural debía salir de la sesión para entrar como administrador. "Claro, ¡por eso todo el mundo entrará siempre como administrador!". No me gustó, en Linux esto es mucho más simple y seguro.

Bueno, ya iba siendo hora de trabajar. Fui al menú Inicio > Programas, para ver los que incluía. ¡Caramba! ¡Apenas venía con algún software! Si quería abrir algún documento ofimático tendría que regresar a Internet o, peor aún, pasarme por la tienda y volver a desembolsar unos buenos euros. No encontré nada parecido a un Gestor de Software o repositorios. Menos mal que la suite ofimática OpenOffice.org está disponible para este sistema desde su web. Y así hice con todo lo que necesitaba, incluso los 'drivers', investigaba en Google, iba a la web e instalaba. Perdí mucho tiempo con todo este proceso, la verdad.

Otras cosas que me llamaron la atención fueron su terminología (hay un drive A y después un C, pero ¿dónde está el B?), el que fuera tan básico (sin aplicaciones ofimáticas, multimedia... y ninguna opción de usarlo como servidor) o su escasa seguridad. Quedé boquiabierto. Al parecer el sistema ese necesita software anti-virus y anti-spyware pero la copia original no venía con nada de eso. ¿Cómo es posible?

Así que, he de confesarlo, mis primeras impresiones no fueron nada alentadoras. Me pareció complejo, confuso y demasiado laborioso para mí. Puede ser bueno para una persona que sea del tipo técnico, como mi amigo Billy. Para alguien como yo, serio y legal, es preferible seguir con GNU/Linux, está claro.

Fuente

Gracias a un mensaje de Melissa Braun supe en última instancia de una entrada en la lista de correos de Ubuntu Brasil. El texto relata la experiencia de un usuario de Sw Libre que prueba por primera vez un Windows. En esa historia fictícia GNU/Linux domina el mercado con más del 90% de instalaciones en los computadores.

Me gustó la idea y decidí darle unas cuantas vueltas más, hacer lo que se hace con el SwL, personalizarlo ;)
 

Roberto BrenllaLogo TEGNIX pequeno